lunes, 11 de junio de 2012

Imprescindibles: Sin Perdón, de Clint Eastwood


Sin perdón, de Clint Eastwood

Siempre es un placer hablar de él. Ya lo hicimos con un Imprescindible como Million Dollar Baby en la temporada pasada y hemos querido volver a hacerlo con otra de sus grandes películas en homenaje a sus 82 años que cumplió el pasado 31 de Mayo. Esta vez llega la hora de un Western, dedicado a nuestro colaborador Piru, experto en el tema y que seguro disfrutó de Sin perdón.
Eastwood pensó en ella como la última de sus películas, quizás como despedida del Western y del gran cine, despues de una década marcada por cintas bastante pobres como El Novato y alguna que otra demanda que manchó su imagen en los 90. Quizás por eso se tomó Sin Perdón con más calma, ensayó durante mucho más tiempo y se encargó de realizar muchos más planos de lo habitual. Quería despedirse a lo grande, dirigiendo una película muy cuidada, pensada como colofón a su carrera y como fin de los Western, un género que había cultivado durante toda su vida gracias a su imágen ruda y serena. Y de pronto, contra todo pronóstico, la película funcionó.  Logró un gran éxito en taquilla y los críticos se quitaban el sombrero ante una película que a día de hoy sigue siendo el último western elegante rodado. Cuatro Oscar incluyendo mejor Director y mejor Película de nueve candidaturas posibles hicieron el resto. Unos académicos en pie aplaudiendo al maestro que a partir de ese momento decidió dedicarse enteramente a dirigir películas y que poco tiempo después nos deleitaría con clásicos ya como Mystic River, Los puentes de Madison o Gran Torino. Al final la vida dió otro de sus giros y lo que parecía el final de una carrera se convirtió en un principio absolutamente delicioso.
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Y si todo esto no fuera suficiente, Eastwood además se rodeó de un reparto extraordinario. El gran Morgan Freeman le acompañó, como después volvería a hacer interpretando brillantemente a ese amigo loco que te sigue a todas partes, que disfruta de tu alegría y que no le importa ni el lugar ni las razones. Ese amigo que está ahí siempre, incluso al final. Y un Gene Hackman soberbio en el papel de su vida y que le valió un Oscar a mejor Actor de reparto.
Un western mágico y de calidad, de los que ya no quedan y ya no se hacen, quizás porque es insuperable. Con una gran estética y rodada con un gran cuidado, como uno de esos regalos pensados para el final de una fiesta, como el final de una etapa que termina y que acaba convirtiéndose irremediablemente, en algo mucho mejor. Eastwood, no te vayas nunca.

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